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Mujer al Manillar

Los Onbres de Jarrelson

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Hace tiempo que en la montaña hay gente que inventa sus propias leyes y las aplica sin encomendarse a nadie.

Para hacer batidas de caza mayor en algunos pueblos de la provincia de Cuenca no es necesario pedir permisos, cortar caminos ni avisar al Seprona: basta pagar la licencia al ayuntamiento, apostarse junto al camino con el rifle cargado, y si pasan motos o caminantes, apuntar con el arma, a ser posible entre los ojos mejor que al casco en este último caso, para convencerte, eso sí, con unos finos modales adquiridos en los mejores colegios de Madrid de que te quedes descansando tres o cuatro horas a mediodía al borde del camino y con la moto parada, no sea que les espantes a los animalitos. Cuanto eufemismo para no llamar a las cosas por su nombre: secuestro por banda armada.

Esto mismo le pasó a unos conocidos en octubre del año pasado. Nunca se imaginaron compartiendo sus escasas provisiones –pan, chocolate y unas barritas energéticas- con dos familias de senderistas y un grupo de niños secuestrados junto a ellos durante tres horas por un grupo de cazadores armados en un desfiladero. Lo siento, pero por culpa de seis indeseables he acabado de formar una muy negativa opinión propia sobre la matanza de animales por diversión. Supongo que a otros colectivos les pasará lo mismo con los motoristas de campo, si bien nos salva que ninguno de nosotros porta armas de fuego encima. Y todavía hay quién nos llama delincuentes y la policía forma redadas contra nosotros en medio de la montaña*.

Nunca un “que pasen un buen día” pudo ser más cínico. Gracias a Dios, jamás nadie me ha apuntado con un arma, pero dicen que un rifle con mira telescópica tan de cerca apuntándote de verdad que impresiona. Hombre, pues sí que fue un buen día una vez que desaparecieron con sus rifles de caza mayor, sus Porsche Cayenne y un par de pobres corzas moribundas atadas a los capós.

La primera reacción fue ir a explicárselo a la Guardia Civil, pero como estaban de paso no tuvieron ganas de complicarse la vida. Igual la próxima vez sacan un móvil con cámara y lo graban todo.


*PD: Una amiga mía pasó cuatro horas retenida en medio del monte bajo una intensa lluvia, sin chubasquero, ni dónde guarecerse, ni agua, alimentos ni atención sanitaria por un control de los agentes forestales en un lugar cercano a Barcelona. Se había dejado la documentación del vehículo en casa -¿a nadie le ha pasado nunca?-, y la hicieron esperar hasta que su marido volvió y acercó la documentación al puesto de control. Me lo contaba con un buen resfriado encima y mareada porque no había comido nada desde las 6 de la mañana. Ni al asesino en serie más peligroso de España se le obliga a estar en esas condiciones.
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