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manchi

Un poco de filosofía motera

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No es la primera vez que reflexiono sobre esto, pero conforme me hago mayor la verdad es que aun me sorprende más.

Hay veces que pienso y no encuentro mucha lógica en que un día si y otro también salgamos con nuestras motos a recorrer carreteras/caminos y no dejemos de hacerlo.

En invierno pasas más frío que un esquimal (sobretodo en rutas asfálticas), en verano te achicharras de calor con todas las protecciones que hay que llevar, bueno y si no las llevas también porque yendo en camiseta te puedes llegar a quemar la piel en un día caluroso (sin hablar del riesgo de ir sin protecciones).

La moto es un vehículo inestable, nuestro cuerpo tiene que estar haciendo incontables correcciones con pernas y brazos para mantener la estabilidad, sobretodo por campo en este caso. Ir en moto, pues, sobretodo si intentas ir “deprisa” lleva intrínseco un riesgo de acabar por los suelos.

Si nos caemos hay muchas posibilidades de acabar magullado o con una lesión más o menos seria. Y creo que todos conocemos casos de alguien con una lesión seria y que vuelve a montar en la moto cuanto antes, aunque también conozco casos que se han “retirado” por este motivo (pongo retirado entre comillas porque hay gente que luego, tras unos años de parón vuelven a la moto)

¿Y los costes? Si los comparamos al coste de un automóvil, la adquisición de una moto suele ser cara para una economía, sobretodo teniendo en cuenta que la mayoría de las veces es un vehículo “de ocio” y no tiene una utilidad práctica real (también en este caso hay excepciones y algunos usamos la moto para ir a trabajar a diario, para ir a comprar y para cualquier desplazamiento).

En parte esta carga económica que supone la compra de una moto la podemos paliar recurriendo a modelos “baratos” y/o mercado de segunda mano, y también es cierto que para vivir ciertas experiencias igual lo puedes hacer con una vieja moto de 20 o 25 años que con un último (y carísimo) modelo, aquí cada uno debe decidir, pero personalmente prefiero tener una moto vieja y hacer muchos km al año que no tener un último modelo y no poder hacerle muchos km porque la estás pagando y no llegas o por el carísimo mantenimiento.

Del mantenimiento podríamos escribir un capítulo entero porque hay gente, sobretodo con modelos de asfalto, concretamente deportivas, que han tenido que renunciar a la moto por el alto coste de las revisiones y los consumibles, también pasa en el mundo de las trail con algunas marcas “de elite”

Si usamos la moto poco evidentemente no va a haber mucho gasto pero como te de por hacer muchos km al final del año algunos se sorprenderían del dinero que llegan a gastar en su moto.

Incluso aunque te guste el bricolaje y le metas mano a tu moto nadie te libra de pagar aceites, filtros, ruedas, transmisiones, etc que con un uso frecuente se desgastan rápidamente (sobretodo si comparamos la vida media de estos elementos con las de un coche). Quizá otro día escriba algo sobre como ahorrar en el mantenimiento de tu moto.

Entonces ¿Por qué seguimos yendo en moto? ¿Si a todas luces y con la lógica en la mano parece una actividad poco beneficiosa cuando menos?

Aquí solo os puedo dar mi opinión, evidentemente, y puede que cada uno tenga la suya y vea las cosas desde su perspectiva, pero yo creo que básicamente y simplificando es un tema emocional, ósea que en este caso las emociones que nos aporta la moto y su disfrute superan a lo perjuicios que nos causa bien sean reales (frío, lesiones, daño económico) o posibles.

Y estas emociones que nos aporta ya dependen más de cada uno de nosotros, del momento en el que estemos, o incluso de lo que “necesitemos” porque hay momentos que quizá necesitamos la belleza de un paisaje pero en otros momentos quizá necesitemos una buena dosis de adrenalina en nuestras venas.

Si, ya se que a un bonito paisaje se puede llegar igualmente en cualquier otro medio, pero yo solo conozco dos que me lo hagan disfrutar tanto, y ambos llevan dos ruedas, además la dinámica que te da una moto y lo que esto marca nuestros sentidos, en cuanto a “integración con el paisaje” no se siente con ningún otro vehículo (ya digo que la bicicleta es lo más parecido pero en este caso el estrés físico te puede llegar a privar de tus sentidos en algunos momentos).

Hay otro factor muchas veces que nos impulsa a cargar la moto, vestirnos y salir a un viaje de mayor o menores dimensiones y es la “inquietud viajera”. Hay personas que están cómodas en el sofá de su casa con su rutina diaria y hay otras (no todas necesariamente van en trail, ni siquiera en moto, claro) que tienen inquietudes por viajar y ver cosas nuevas, aunque también es cierto que no todos los que van en moto tienen estas inquietudes.

Contemplar algo que nuestras retinas no hayan visto antes es un impulso muy fuerte para muchos de nosotros pero también es cierto que con los años aprendes a mirar las cosas de otro modo y sitios por los que ya has pasado o que incluso recorres habitualmente te sorprenden con una imagen nueva. Basta un chaparrón, unas nubes en el cielo, una iluminación al atardecer o cualquier otro cambio para hacernos disfrutar de nuevo con paisajes conocidos.

Creo que podría llenar páginas (virtuales en este caso) enteras hablando de este tema y contando pequeñas o grandes anécdotas, pero volviendo a la pregunta que he hecho antes “¿Por qué seguimos yendo en moto?”, si tuviera que dar una respuesta clara y concisa, en mi caso sería esta: “Porque llena mi espíritu” o un más simple “Porque me llena”

Nos vemos en los caminos o en la carretera...
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Comentarios

  1. Avatar de Gsús
    Hola.
    Excluyendo las motos empleadas por motivos laborales, la moto se ha de vivir con pasión, porque en el momento que se deja de sentir, tarde o temprano, es alimento para la 2ª mano.