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Mujer al Manillar

Recesvinto

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Amotero hace mucho tiempo conocó a una pareja de moteros en una concentración, no recuerdo dónde, y me los presentó como el Summa Artis del frikismo, algo fuera de serie, pero ¿quién soy yo para juzgar?, Dios me libre.

El pasajero ¿se elige o uno es elegido por su pasajero? No sé si un blog motero es el mejor lugar para elucubrar sobre el origen de la vida, así que cada uno saque sus conclusiones y haga con ellas lo que pueda.


***** estaba encantado con Recesvinto. Era el perfecto compañero de viaje, el pasajero con el que todo motero sueña. Hiciera frío, hiciera calor, lloviera o nevara, le diera a ***** por los invertidos, quemadas de rueda o circular a 230 km/h arriesgando sus puntos y los de sus nietos, no importaba, Recesvinto se conformaba imperturbable por salvaje que fuera la burrada. No se movía del asiento, formaba un todo con la moto, jamás discutía ni la ruta ni las paradas. No se quejaba, incluso algunos juraríamos que ni siquiera necesitaba orinar.


La venganza de Recesvinto consistía en no sacar la cartera. Jamás consintió en compartir los gastos, ni siquiera en el momento en que ***** lo sentó a la mesa de un conocido bar de carretera y el dueño insistió en que si ocupaba un asiento debía pedir menú. Nadie les conoció relación, es más, ni siquiera se dirigían la palabra, pero iban juntos a todas partes. Llegaban juntos a las concentraciones y se marchaban juntos por donde habían venido.



***** no comprendía por qué todo el mundo los miraba de aquella forma. En una ocasión la Guardia Civil los paró, pero fue incapaz de poner ninguna pega pese a lo extraordinario de la pareja. Recesvinto, si bien llamaba la atención por su tamaño e indumentaria, iba perfectamente atado a las estriberas y agarraderas para el pasajero de la moto con unos pulpos, por lo que no había peligro de que se desplazara y según la ley era un bulto más de la moto.

Llevaba su casco, su chaqueta, unos pantalones tejanos y botas, así como *****, que además tenía toda la documentación de la moto y su carnet de conducir en regla. Cada uno puede llevar atado en el asiento del pasajero lo que quiere, mientras no dificulte los movimientos del conductor. La Guardia Civil lo vio como un extraño muñeco de trapo vestido de motero. Para ***** era su amigo. Su pasajero. Juntos frente a un mundo que no los comprendería jamás.

Quien crea que esto es una muestra (de andar por casa) de realismo-fantástico motero a lo Isabel Allende le invito a que vaya a Pingüinos, busque a ***** y a Recesvinto entre el gentío y les invite a unas cervezas. Recesvinto adora las Cruzcampo
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