Al Valle de Aran le teníamos muchas ganas desde este verano, cuando pasamos parte de nuestras vacaciones con la Africa Twin y la BMW F650GS y nos las pasamos echando de menos la DRZ400 y la DT125 y sus tacos. Volveríamos, y acompañados de amigos para pasarlo de miedo, aprovechando el puente de la Diada de Catalunya.

¿Qué tiene de raro el Valle de Arán?

Aran es un pequeño rincón del Pirineo de Lérida con una serie de características que lo hacen un lugar muy especial, mucho más que la estación de esquí de Baqueira-Beret y los famosetes que se dejan ver a trompazo limpio en cuanto cae la nieve.

En primer lugar, es el único territorio español situado en la cara norte del Pirineo y por su especial orografía disfruta del clima atlántico, al igual que la cornisa cantábrica y Galicia. Tiene innumerables bosques de árboles de hoja caduca que cambian de color en otoño y le dan un encanto único, un clima muy lluvioso, está situado entre las cumbres más altas del Pirineo (Aneto y Maladeta) y sale agua debajo de cada piedra. Cualquier paseo por sus senderos es un momento singular: el 30% de su territorio está por encima de los 2000 m de altitud.

En segundo lugar, tiene una historia, una cultura y unas gentes tan únicas como su paisaje. Allí se habla aranés, una lengua románica relacionada con el gascón. Al oido suena medio gallego, medio francés, medio catalán. No cuesta mucho entenderlo, pero de todas formas cualquier aranés habla cuatro idiomas (aranés, catalán, castellano y francés). Aran está conectada con Cataluña por el Port de la Bonaigua, que está cerrado por nieve la mitad del año, y con el túnel de Vielha, y con Francia por el puente del Garona en Port de Rei. Semejante aislamiento forja un carácter y otra manera de ver las cosas. De hecho, Toulouse está a 150 km y Barcelona a 300.



Un poco de historia

Hay referencias de que está poblado desde la prehistoria, con asentamientos romanos, y el propio Hospital de Vielha data del s. X. El valle cambia de manos constantemente entre franceses y españoles (mientras ellos, aislados e incomunicados hacían su vida) hasta el año 1411, en que pactan los propios araneses libremente tras una votación unirse a los condados catalanes. El Decreto de Nueva Planta de 1716 (eso conmemoramos la Diada de ayer en Catalunya) suprimió las instituciones catalanas, excepto las aranesas. Cuando Napoleón intentó invadir España, lo hizo por el Valle de Arán que incorporó a Francia. En 1815 Francia devolvió Arán a la Corona española, y en 1833 la regente María Cristina suprime las instituciones aranesas y se incorpora a la provincia de Lérida y a la administración general española.
Nunca más volvieron a recuperar sus instituciones tal y como eran, pese a solicitarlas de mil maneras fuera cual fuera el régimen. No fue hasta 1990 en que se hizo cooficial el aranés y se recuperó la figura del Síndico y el Consejo General, pero no sus derechos históricos.

Movidita e ignorada historia. Y mientras, en su pequeño, limpio y cuidado valle, disfrutando de la renta per cápita más alta de Cataluña.

En la actualidad viven casi por completo del turismo. En la frontera francesa, más bien de los vecinos que cargan el coche de alcohol, tabaco y gasolina, y en la española, de los montañeros y esquiadores que disfrutan de los paisajes más parecidos a los Alpes de todo el Pirineo. En muchas ocasiones me acordaba del casco antiguo de Zermatt o de Courmayeur, tan bonito y cuidado estaba todo. Tienen tan claro que viven del turismo, que hacen cualquier cosa por no espantarlo. Como SEÑALIZAR BIEN LOS CAMINOS ABIERTOS AL TRÁFICO.

Bossost y los frikis

Nos apuntamos al viaje al Valle de Arán Alicia y Oscar (Zeus y Alicia AXR) compartiendo Africa Twin, Roberto DT con su XT600 y servidora y Fazer, con sus DT125 y DRZ400S. Debido a los diferentes horarios laborales, decidimos llegar el viernes por separado al camping donde teníamos reservado un estupendo bungalow de madera y cenar juntos.
Fazer y yo cargamos las motos en el remolque y como era de noche, marcamos en el navegador Tom Tom Rider que nos buscase la ruta más corta. Como de la manita nos llevó por una tremenda carretera de curvas y baches que nos causaba sudores fríos rezando por llevar bien atadas las motos al remolque. Hora y media más tarde de lo previsto debido a la operación salida de Barcelona llegamos al camping. Por suerte nuestros amigos nos esperaban con los brazos abiertos y una deliciosa cena que prolongamos más allá de las tres de la madrugada.

A las ocho, diana a cacerolazo limpio, cortesía de Oscar y Roberto. Después de un buen desayuno salimos a la aventura: Er Saut Deth Pish, que en aranés significa La Cascada del Meado.

Por un precioso camino casi perfecto, con su barrillo y sus cascaditas, los nenes llegaron hasta donde ya no podían pasar las motos.












El Aneto al fondo

Las aparcamos y seguimos a pie, con esas botas tan cómodas y las livianas protecciones. El paseo mereció la pena. La cascada caía entre un arco-iris de espuma a un lago de aguas intensamente azules. El cielo no hacía ni intuir la que iba a caer por la tarde.




La lagartija aranesa, en peligro de extinción


Zeus bajó al Saut deth Pish




Como teníamos ganas de marcha, cogimos la pista que llevaba a Salardú entre caballos y potros, (otra vez el recuerdo de Seez) y decidimos hacer allí un bocadillo. Fuimos a parar a la fonda Era Muntanha, donde además de tratarnos de miedo nos hicieron unos bocadillos riquísimos y a un precio de lo más razonable tratándose del pueblo que hay al lado de Baqueira.













Seguimos camino de la Pleta de Beret, y de allí fuimos en dirección a Esterri d’Aneu por el antiguo camino real, que van asfaltando poco a poco hasta que lo masifiquen y se lleven en un camión del santuario de Montgarri lo poco que le queda. La lagartija aranesa ya puede echarse a llorar.









En Esterri compramos el pan mientras mirábamos al cielo. Se preparaba una buena, que nos cayó a 2000 m, en lo alto de la Bonaigua, que aún presentaba las huellas del paso de la Vuelta.


Terror en Baqueira.


Mojados, pero felices, acabamos comprando carne para una tremenda parrillada y sangría que nos supo a poco.

En el camping llegó el dueño, algún pariente desconocido del Uñas, diciendo que unos andorranos habían preguntado por nosotros: los andorranos estaban allí con su Freewind, dos enormes sonrisas, dos gigantescas pizzas, vino y muchas ganas de marcha. Dimos buena cuenta de todo y entre risas se nos hicieron las tantas. Menos a Snowbiker y Snowbikera, a los que el muy friki no permitió quedarse ni un rato más de la hora de cierre del camping.

El Pirineo es como La Rambla

Al día siguiente tocaba visita a Canejàn y una pista que nos recomendó el dueño del camping Forcanada (que no era donde estuvimos).
Camino de Canejàn, por una preciosa pista, encontramos a unos amigos de la Resaka (mira que hay sitios para cruzarse con lo gente, o es en Stella Alpina, o es en el culo del mundo), y vinieron con nosotros, con tan trailera máquina como la BMW R850 y la F1150.




El pueblo de Les, en un pergamino enmarcado con versos de Mn. Condó














Tomamos las cervecitas en el pueblo y bajamos entre cascadas y hojas amarillas que volaban a nuestro paso a la Casa Cinta, una recomendable tasca de carretera junto a la frontera francesa, donde nos proporcionaron unos bocatas que no nos los acabábamos. Fue otro rato friki: un ruso vino y nos preguntó si habiamos visto a donde iba un coche que pasó adelantando a toda leche una caravana de franceses en línea continua. Salió gesticulando junto con otro hombre que parecía desesperado. Historias de frontera de las que mejor es no saber más.




El antiguo cuartel militar, el edificio es muy bonito, ahora lo están restaurando.


Una mina de carbón abandonada.

La segunda parte del día transcurrió entre lluvia y tormenta en medio de un bosque casi encantado. A nadie le importó llevarse un remojón para disfrutar de otro bellísimo rincón del Valle de Aran. Aquí nos tuvimos que despedir de Juli y Patrícia, los Snowbikers, con los que tan buenos momentos hemos pasado.



He tenido que retocar los colores de las fotos porque no me quedo sin que vosotros podais disfrutar de la mitad de lo que llegué a ver: hayedos de hojas amarillas, naranjas, rojas, verdes, cascadas, fuentes… llegamos entre piedras mojadas a los 1800 m hasta que se acabó el camino. Pura belleza. Ningún pintor, ningún fotógrafo es capaz de imitar lo que vimos sobre la moto. A pie no habríamos llegado ni a la mitad del camino.


Un agujero en medio del camino. Suerte que no metió nadie la rueda















Lógicamente estábamos petados al final de la jornada. Agradecimos estar en un bungalow y no en tiendas de campaña, donde contemplamos por la tele mientras nos secábamos un emocionante concurso de perros pastores encerrando rebaños de ovejitas. Decidimos pasear a pie, hasta una cueva excavada a pico y cerrada a mitad de recorrido. ¿Sería un manantial de agua? ¿Un refugio de los sublevados contra el régimen franquista en los años 50?... quien sabe.
Ello nos infundió los ánimos necesarios para luchar a zapatillazo limpio contra unos mosquitos tamaño jumbo, y acabar con las reservas de la nevera.

A la mañana siguiente, la despedida. Roberto, Zeus y Alicia bajaron en moto por delante de nosotros, que llevábamos las provisiones en el coche, y ya de día, disfrutamos del puerto de montaña que tanto nos hizo sufrir.

Una salida para repetir.